En periodo estival el turismo se hace motor de la economía de muchos países. Las costas más agradecidas se llenan de personas que buscan el descanso y el disfrute. El impacto ambiental de las actividades turísticas convencionales puede conllevar consecuencias fatales para nuestro ecosistema, en concreto nuestros mares.

 Las basuras marinas comprenden un verdadero peligro para muchas especies. La educación ambiental y la concienciación son, en este caso, labores fundamentales para un turismo que asegure la sostenibilidad del Planeta. La basura marina es cualquier objeto producido por el hombre que al ser desechado, eliminado o abandonado entra en los ambientes costeros y marinos. Esto puede ocurrir de forma directa (arrojado por alguien) o indirecta (a través de ríos, arroyos, desagües, vientos, tormentas, etc., como resultado de una disposición inadecuada en tierra).

La manipulación incorrecta de los desechos y de una gran cantidad de materiales y objetos forma el centro del problema de la basura marina. A esto se suma el hecho de que la mayor parte de la población mundial se concentra en ciudades ubicadas en las costas, lo que significa millones de personas generando una creciente demanda de productos manufacturados y empaquetados. Como resultado se produce un aumento significativo en la cantidad de residuos sólidos (incluyendo botellas y bolsas plásticas), la mayoría no biodegradables, que ingresan y se acumulan en el medio marino.

En periodo estival, la actividad turística se incrementa notablemente en zonas costeras, por lo que los océanos se ven sometidos a una presión difícil de asumir. En palabras de Guillermo Borges, presidente del colectivo “Amigos de Anaga”, una asociación que se dedica, entre otros, a la educación ambiental en Tenerife, “se calcula que el 80% del plástico que llega a los océanos viene desde tierra y el restante 20% de plataformas marinas y barcos. Los plásticos que llegan al mar se fotodegradan y se van desintegrando en pedazos cada vez más pequeños, llegando con el paso del tiempo a niveles moleculares. Estos diminutos pedazos de polímeros actúan como una especie de ‘esponja química’ pudiendo concentrar los más dañinos contaminantes que se encuentran en los océanos como hidrocarburos y pesticidas como el DDT. Al ser consumidos estos restos por pequeñas especies marinas, los contaminantes entran a la cadena alimentaria y generan daños que llegan hasta nosotros, los humanos, al comer productos del mar”, señala Guillermo Borges.

La basura marina es hoy un permanente y muy serio problema de contaminación; ha dejado de ser una situación local para convertirse en una amenaza ambiental para el Planeta, y se encuentra en todas las costas y océanos del mundo. Para paliar las consecuencias de esta sobreexplotación de nuestros recursos naturales, la educación ambiental es fundamental. El reciclaje de plásticos y las buenas prácticas de la ciudadanía se erigen como alternativas efectivas. Es necesario, educar y sensibilizar tanto a los profesionales del sector turístico como a los turistas, impartir cursos de gestión y manejo de los residuos, establecer puntos limpios en establecimientos y áreas turísticas, reducir el uso de plásticos y residuos contaminantes y de degradación lenta, organizar campañas de limpieza de playas, fondo marino, y de aguas del océano, etc.

Desde el Máster en Gestión del Turismo Ecológico y Sostenible promovemos y difundimos las buenas prácticas ambientales.

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